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JOSE JOAQUÍN SALAZAR FRANCO

(CHEGUACO)

 

Con el azadón al hombro y el machete rozador a la diestra rumbo a la heredad para insistir en la porfía de la siembra porque ayer llovió y regó la tierra para prolongarse en la espera de otra bendición del cielo. El viandar en el mapire, en la reserva un libro que abre en el momento del reposo y recibir la enseñanza que dan las letras. Cheguaco no desperdició un momento y así, se preparó para darnos libros, vivencias hermosas que nacen de lo telúrico y del tiempo.

 

Cheguaco en el homenaje que hoy le rendimos.

 


CHEGUACO

 

Cheguaco en esta ocasión

cumple entre arcos y banderas

 sus sesenta primaveras

 de trabajo y creación

de lucha y de devoción

 con su búsqueda segura

 para dar en su escritura

 tan humana y expedita

el alma de Margarita

 que en su existencia perdura.

 

Marineros y rurales

 saben que Cheguaco activa

 desde aquí una fuente viva

 de saberes proverbiales

 que van de los ancestrales

 conoceres marineros

 el rumbo de sus peñeros

 el mito de sus arcanos

 el alma de los urbanos

 y el ser de los conuqueros.

 

Las Margariteñerías

lo saludan con un bando

 para que nos siga dando

 su prosa y sus alegrías

 tenga más felices días

 tanto dentro como afuera

 de su Margaritañera

 y que la Virgen del Valle

 guíe sus pasos en la calle

 junto a su familia entera.

 

CIRIO


José Joaquín Salazar Franco, -Cheguaco-, en los 60

 

La Asociación de Escritores del Estado Nueva Esparta rindió un homenaje a José Joaquín Salazar Franco, Cheguaco, con motivo de su cumpleaños, sesenta puntos anotados en el camino de la vida. 

El acto tuvo lugar en la Casa de la Cultura «Pedro Rivero» de Tacarigua. Allí se dieron cita para celebrar el grato acontecimiento, la intelectualidad margariteña, lo más representativo del lugar. Se le testimonió afecto a quien se ha sembrado por sus hechos de bien en un pueblo que lo vio nacer y le ha hecho el reconocimiento que bien se merece. 

«Margariteñerías» se quiere unir al feliz acontecimiento y recoge en estas páginas lo que mucho de nuestros colaboradores expresan sobre este magnífico hombre que viene de la humildad, amasado con ese sabor de pueblo al que sirve con señalado afecto demostrado en muchos trabajos condensados en libros. El ha penetrado en las entrañas de la colectividad para dar a conocer y defender sus costumbres y tradiciones; lo ha hecho sin rebuscamientos literarios, en prosa sencilla y amena, ha formado su propio camino con una obra sólida que ya es obligada consulta. Es decir, es un valor de la Margarita pensante con nombre propio y respetado. 

Después que el Presidente de la Asociación de Escritores, Rosauro Rosa Acosta, abrió el acto vino la participación de otras personas para felicitar a Cheguaco. El Orador de Orden fue el maestro Benito Salazar, quien hizo una cronología de la vida de Salazar Franco y se refirió a sus hechos y su formación como ciudadano y escritor. 

Conjuntos musicales tuvieron participación en esta sesión luego en el hogar de Salazar Franco, su esposa Consuelo e hijos se extendieron en atenciones. Horas felices de camaradería, entusiasmo en los 60 años de Cheguaco.

 


 

Discurso de Orden pronunciado por el Maestro Nicolás Jesús Salazar (Benito) en los sesenta años de José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) en la Casa de la Cultura «Pedro Rivero» de Tacarigua, en la Isla de Margarita.    (27-07-86)

 

Si dais lugar a que se os pida, siempre será tarde para dar.

Es una bella máxima de verdadera sabiduría.

Dad siempre antes que se os pida. Dad en vida, después será tarde!

 

NOTICIA              

   El domingo pasado cuando dábamos los toques finales en la organización de este evento en casa del poeta Ángel Félix Gómez en Juangriego, la señora de la casa nuestra apreciada Deisy gritó asustada en el jardín, ante la pre­sencia de una culebra. Cheguaco corrió en su auxilio; la culebra ataca, lo muerde en un dedo, se estira y queda muerta. La sangre de Cheguaco envenenó la culebra!

 

HAGAMOS UN POCO DE HISTORIA 

1926. Los atentados contra el Dictador Juan Vicente Gómez sólo sirven  para que La Sagrada ‑policía política del régimen  llenaran La Rotunda y el Castillo de Puerto Cabello de presos condenados a muerte segura. El hombre de La Mulera era dueño y señor de la Venezuela enteca y amarilla, palúdica y agotada. 

1926. Nos recuerda Augusto Cuatro que el cine mudo (tan mudo e Inquieto como Cheguaco en el vientre de Mamá Jerónimo) inicia su decadencia. Se estrena en Nueva York la primera película sonora: El Cantor de Jazz, de All Johnson. 

1926. Para alegría del mundo científico de la época se produce el vuelo histórico del hidroavión Plus Ultra. Salió de Puerto de Palos ‑de donde salió Colón más de cuatro siglos antes- y acuatizó en Buenos Aires repitiendo la hazaña de las tres carabelas. 

1926. Mientras tanto, el escocés John Baird inventa un novedoso sistema de comunicación que es el principio de lo que hoy tenemos como televisión. 

1926. El escritor Antonio Reyes presenta su libro Cuentos de Brujos y entra con el también escritor Antonio Arraiz en la vida literaria de la Venezuela de hace sesenta años. 

El día dedicado por la Iglesia a Santa Ana es el 26 de Julio. 

Ese día en la Tacarigua de Margarita la mamá Jerónima presentía que pariría el 27 a la media   tarde y rogaba entre lágrimas y sollozos: «que no me nazca mudo como ese cine que se acaba, Santa Ana bendita, aunque sea media lengua yo me conformo, te lo ruego Santica Ana tu que fuiste la hija adorada de Mathan y de María la Vieja, tú que fuiste el amor de Joaquín, descendiente de David el Rey, tú la madre de María la Virgen y la Abuela de Jesús el Cristo a quien nadie todavía nadie lo ha llamado Piedra, tú sontica Ana que anoche fue tu salve y hoy estás en la calle del Norte con música y todo, que no sea mudo mi hijito, aunque sea media lengua mi muchachito y te prometo bautizarlo con el nombre de JOSÉ JOAQUÍN». 

El día siguiente, 27 de Julio de 1926, día martes, a las tres de la tarde nace en la Tacarigua, cuajada de frutos y flores, rastrojos y mastranto, el hijo de Julián Obdulio Salazar Lárez en Jerónima Micaela Franco, a quien ponen por nombre en la Sala Civil de Santa Ana del Norte JOSÉ JOAQUÍN: José, por San José el Silencioso esposo de María la Virgen y Joaquín, por San Joaquín el viejo, esposo de Ana la vieja quienes en su vejez por inspiración divina engendraron a María la Virgen. Una cosa son los libros y papeles y registros; otra es la voz del pueblo que es voz de Dios: el pueblo le llama CHE por José y GUACO por Joaquín. CHEGUACO es nombre de pueblo, voz de Dios. 

Tiempo después, cuando el muchacho empieza a hablar su media lengua, decía la mamá Jerónima: «Gracias Santa Ana querida por oír mis súplicas, déjamelo así media lengua porque lengua completa ¿quién lo aguanta? Ahora, lo que sí te pido es que lo ayudes contra lo que dice el librito ese que anda por el mundo y que llaman LA CABRA INFERNAL que reza: 27 de julio fecha fatídica del año, martes día fatídico de la semana, y tres (3) hora fatídica del día. Ayúdamelo Santa Ana querida a ser feliz toda su vida. Que cumpla sesenta o cien o más años de vida; que su vida sea voz de pueblo para el cariño, el reconocimiento, para la amistad. Y tú sabes, madrecita, que culebra que lo muerda quede estiradita largo a largo; y otra cosa que no sea como el Paique de Chevige Guayke que le tiene miedo a sayonas  y encapotados, a duendes y chiniguas ». 

Santa Ana oyó las súplicas de la mamá Jerónima y aquí estamos con Cheguaco pueblo, con Cheguaco sesentón reconociendo su trayectoria en JUSTO HOMENAJE La “ASOCIACION DE ESCRITORES DE VENEZUELA» ‑Seccional Nueva Esparta rinde justo homenaje a JOSE JOAQUÍN SALAZAR FRANCO,

 

Cheguaco,

en el día jubiloso de sus sesenta años;

la mayoría de ellos,

consagrados con amor y empeño,

a exaltar con su labor de intelectual

y de vertical ciudadano

el gentilicio margariteño. 

 

NIÑO Y ADOLESCENTE 

Cheguaco queda huérfano de padre a los dieciocho meses. La Mamá Jerónima se aprieta el cinturón a la falda cargando la responsabilidad de la casa. 

Para el muchacho aprendiz de conuquero, el gallo en la madrugada era el resonar de las campanas del pueblo, era el échame la bendición mamá, era el que Dios te bendiga y el ánima de tu Padre te acompoñe hoy y siempre hijo mío. Otras veces el mugido de la vaca reemplazaba al gallo en la madrugada: era la arepa recalentada en el aripo cercadeño, era la humeante totuma de café recién bajado de las tres piedras o la leche caliente ‑todavía‑ por el ordeño, el abreboca del sembrador de leyendas, de mitos y de cuentos. 

A los seis años asiste ‑después de la cartilla, el deletreo, silabeo, el de coro y de memoria impuestos por la severidad de la tía materna Eufemia‑ a la escuela pública que regentaba en Tacarigua Afuera la preceptora Antonia Gil. Al regreso salía por las calles del pueblo a vender chorizos, o empanadas, o hayacas calientes, o conservas de chaco y dulces de cualquier cosa, elaborados por la tía Eufemia. A los siete años, el ciclón que azotó Margarita en el año 33 lo encuentra en el Portachuelo abajo, en Tacarigüita, bañándose bajo la lluvia con muchachos de la época, ajenos al pesar y angustias de padres y familiares que no habían visto cosa igual. 

Así es el transcurrir de su niñez Sobre el lomo de una mula por la Laguna de Arapano, con el tío Andrés comprando mojarras y bagres salpresos para vender en Tacarigua, después de vender a los pescadores riquísimas frutas de las huertas tacarigüeras. Acompaña a mamá Jerónima, a pie por los caminos de La Noria, Alto del Gallego, El Cercado, El Maco de Bolívar, Boquerón y San Juan Bautista en la venta semanal de aceite de coco y en la compra de sombreros de cogollo, en Los Fermines. Asiste a la Escuela Matasiete de Santa Ana del Norte, a pie, donde estudia hasta el 5o. grado. 

Oye cuentos de mayores en tertulias y velatorios; cuentos imaginarios, irreales, fantásticos que para él tenían visos de verdad‑verdad en el aprendizaje de soñador y de cuentero. ¡Ah Geminiano, Geminiano, cómo estarás gozando con la Culebra Mamona en esta mañana de reconocimientos al «cronista crónico de lo que no pasa» como dijera el fraternal Luis Beltrán Prieto Figueroa! 

Así transcurren trece años. El adolescente toma la decisión de trabajar la tierra por cuenta propia, en Tacarigua primero y en El Copey de La Asunción, más tarde. Ara la tierra y el surco crece; a medida que encallece la mano florece una esperanza: Terminar su sexto Grado en la Escuela Francisco Esteban Gómez cosa que logra a fuerza de sacrificios cuando cumple los quince años.

 

PANTALONES LARGOS Y

PRIMER REGALO A MAMA JERONIMA 

En aquellos tiempos alargar los pantalones o “hechar la cola” a los muchachos adolescentes era todo un acontecimiento. Mamá Jerónima consiguió las siete varas de dril blanco en sus viajes a San Juan Bautista y la madrina tía Eufemia le hizo el primer flux largo, de hombre, como regalo al ahijado. El sombrero de cogollo, ala corta y cinta roja fue tejido y cosido en máquina de cadeneta por la vieja Belica, hermana de Mateito, famoso loco de correrías por los pueblos de la Isla. 

Cheguaco regaló a su madre el CERTIFICADO DE SEXTO GRADO que adorna la sala de la casa de bahareque de la calle Real.

 

PRIMERAS MANIFESTACIONES

CULTURALES Y SINDICALES 

Entre los 16 y 20 años en su Tacarigua querida y en la Margarita de sus amores realiza gran actividad cultural, social y sindical: acompaña la fundación del «Centro Cultural Guevara» (1942); acompaña a Julio Anastasio González y Pablo Romero Millán entre otros, en la fundación de la «Junta pro‑Fomento del Municipio Guevara» (1943) la cual fue transformada en «Liga Campesina»; forma parte activa en la Sociedad de Padres de las escuelas del pueblo y mamá Jerónima debe firmar fianza o caución por el hijo menor de edad para formar parte en la primera Directiva de la Federación de Trabajadores de Venezuela, como Secretario, en la seccional Nueva Esparta.

 

EXODO - SEQUIA

 

Ah, Tacarigua de entonces, agobiada y pobre, te aferras a la cultura y al quehacer para la lucha. El maestro de América te cantará algún día:

 

«Un pueblo de labranza se dobla sobre el surco

y cuando débil la siembra se lo tuerce,

mira el cielo pidiendo un aguacero,

pero no se amilana si no llueve,

su constancia pone semilla nueva bajo la tierra.

CHEGUACO hace la historia de tan premiosa vida”

 

Cuando el sembrador de ilusiones cumple los 21 años, allá por el 47 está sufriendo Margarita la peor de sus sequías. Emigra y es El Tigre quien lo recibe. ¡Ah Tigre, siempre amoroso con tu Guanipa y su brisa¡ 

Trabaja para una Contratista Petrolera. Conoce la marginalidad existente frente el desarrollo social, cultural y económico de la comunidad obrera; es el Sindicato de Trabajadores Petroleros su escudo para la lucha. 

Pero, dos años después  el olor a mastranto le llama de Margarita. Las lluvias han mojado el surco. El gallo en la madrugada es el resonar de campanas en Tacarigua. Quiere sembrar árboles, sembrar pájaros, sembrar libros, sembrar ilusiones, lo llama la siembra de amor.

 

COSECHA DE HIJOS 

Y en 1950 a los 25 años se une a Consuelo Velásquez de 22 y en ella el sonador cosecha nueve hijos que son nueve esperanzas: 

Flora Mary José, Licenciada en Trabajo Social; Julián Andrés José, Ingeniero Geólogo; José Joaquín Jesús, Ingeniero Industrial; Jerónima Eufemia José, Licenciada en Educación; Consuelo Carmen José, Profesora en Ciencias Sociales; Jorge Jesús José, Profesor en Ciencias Sociales; Mary Carmen José, Estudiante Castellano y Literatura; Javier José Jesús, Básico Universidad de Oriente; Francis Judith José, Estudiante de Ciclo Diversificado. 

   Y en El Cercado ‑pueblo de barro para la forma pura‑ moldeó otros tres hijos: Damaris, ceramista profesional; José Jesús, Bachiller de la República; y Elida,  Profesora, en Ciencias Biológicas. 

Bohemio, alegre, parrandero; es el médico amigo y escritor quien le dice;

 

En festivo deambular

nuestro CHEGUACO escritor

al solicitar licor

del bodeguero ejemplar,

agotado de tocar

entre el silencio nocturno

y el naciente clarol diurno,

le gritaba por su nombre:

 ábreme la puerta, hombre

 MATEO, que tú estás de turno!! 

 

DE QUE VIVE CHEGUACO  

Dos simples cargos públicos han ocupado la mitad de la vida de este sembrador de ilusiones: seis años en la Secretaría de la Prefectura del Distrito Gómez en la Sala del Norte como se le llamaba y Escribiente por 28 años en el Registro Principal de La Asunción. Ahora, hace poco tiempo, comparte esas actividades con la Investigación del Folklore para el Complejo Cultural Rómulo Gallegos. Con esa exigua entrada económica y su sombrero calado hasta las orejas ha campeado tempestades y navegado en lontananza.

 

OBRA LITERARIA

 

Cuando abrimos la prensa diaria casi SIEMPRE encontramos a Cheguaco rubricando cuentos, leyendas o consejas. 

Escribí una vez que Cheguaco es rumor que corre y se extiende. 

Que es el miedo que ríe al duende que espanta. 

Que es la sábana blanca que ondea en noche de luna o silueta a distancia entre canjilones, recodos, mogotes, barbechos y vericuetos. 

Que es mito y es creencia en los adentros de su pueblo y de su tierra margariteños. 

Y cuando visitamos su biblioteca leemos los testimonios y decires de otras gentes amigas: 

Capitán de las letras de mi pueblo, le dice su coterráneo Roberto Malaver; 

 Conocedor de todas estas cosas nuestras que hacen la autenticidad margariteña, le dice el poeta Ángel Félix Gómez: 

Significa gran satisfacción y mucho compromiso en la majadería de escribir, apunta el Dr Rodrigo Ordaz Indriago: 

Es el cronista crónico de lo que no pasa, sentencia el Dr. Prieto Fiqueroa: 

Para Chequaco, afecto y admiración, Jesús Manuel Subero; 

Es el cronista de Tacarigua, Santa Ana y Margarita toda, replica Heraclio Narváez Alfonzo. 

Y Rómulo Quijada sentencia: “Cheguaco es uno de los pocos amigos que le quedan en esta tierra traicionada por sus mejores hijos”. 

Con José Rosa Acosta, el poeta de donde palpita el corazón del hombre, comparto su inquietud por las preguntas: ¿hay claridad en las vías para nuestro destino? Con él, más que relatos debemos escribir preguntas. 

¿Qué ha hecho? 

Desgranarse en libros,  como se desgranó en hijos,  como se desgranó sembrando árboles, ilusiones y querencias, es la respuestas: 

He aquí su producción literaria: 

A partir del año setenta recopila y logra la publicación de lo que su mente prodigiosa imagina. 

Creo que en el pensamiento de Arturo Uslar Pietri condensa su pensamiento: “El futuro no es algo para ser adivinado, sino para ser hecho. No un don, sino una tarea”. 

Y en esa tarea realizada, hecha: 

«La Voz de un Pueblo». Es el clamor del pueblo, a su gobernador de turno, para la satisfacción de sus necesidades. 

En «Matasiete y la Libertad» resalta el valor de la mujer margariteña en la memorable Batalla de Matasiete, y la personifica en Tomasa Feliciana Vicuña, la heroína de Tacarigua. 

«La Tacarigua de Margarita» Es una monografía del Pueblo, desde sus comienzos aborígenes hasta su actualidad cultural. 

«El Cercado, su Gente y su Cerámica» Historia del barro y de la mujer del barro. Sus verdades y sus mitos. 

«La Artesanía Tradicional Margariteña» Es un verdadero manual para el proceso enseñanza aprendizaje de nuestra artesanía. Es la didáctica respondiendo al cómo hacer hamacas, chinchorros, tinajones, papelones, alpargatas o mapires. Es un excelente manual para uso en las Escuelas de la Margarita que se esfuma, que nos deja, que se va. 

«Brotes de la Tierra Ñera» Son cuentos de verdad‑verdad. No es todo fábula o fantasía como él mismo apunta. Brotes sobre la tierra Mera, es la más selecta semilla que germinó su pródigo surco! 

«Margarita y su Artesanía Primitiva» Trabajo acucioso, paciente, bien documentado que puede ser de gran utilidad para los estudiosos de la vida de nuestros pueblos, sus costumbres, su capacidad productiva. Es el resultado de una conferencia magistral dictada en la XVII Asamblea Nacional de la Federación Farmacéutica de Venezuela. 

“Rastrojeos de la Historia Margariteña”. Donde rastrojea esa pequeña historia nuestra, reivindica a la negrita Francisca, la Generala  y regala una perla más para el Collar de Perucho Aguirre. 

Los Terrazgos de Cheguaco”. Sostiene que la tierra es del Pueblo Con sus cuentos, leyendas, pasajes y relatos nos conduce sutilmente al convencimiento que es al pueblo, al trabajador, a quien se debe pagar la renta. No al terrateniente.  

«Mitos y Creencias Margariteñas»  Animas benditas del Purgatorio, chiniguas, duendes, entierros de vigía, perdices que vuelan bajitas, culebras que caminan paradas, Cheguaco envuelto en sábana blanca, en noche de luna, con sombrero negro. Cheguaco en el jardín de Felito envenenando culebras con su sangre, Ave María Purísima! 

«La Virgen del Valle, su Historia y sus Leyendas» Es la retahila más pura, urdida sobre la Virgen del Valle, oída de mamá Jerónima, tía madrina Eufemia, papá Pedro, mamá Chica y Carmelita, quienes la oyeron de otros, en noches de luna o en el sosiego del surco generoso. 

«Breve Semblanza del General Francisco Esteban Gómez» Aclara a manera de presentación que dada la agigantada proyección de la figura del héroe, se acoge humildemente a la sabia sentencia popular: «Un grano no llena granero, pero contribuye con su compañero». 

«Bolívar en el Anecdotario Popular Margariteño» Advierte que el margariteño es chistoso de nacimiento y que a veces no se le salva ni el mismo Cristo. Y después de pasear a Bolívar por El Maco y Pedregales, nos lo presenta sutilmente hablando con una tacarigüera, iluminada, desprendida y patriota, quien contribuyó con el producto de su trabajo a la causa libertadora, según otro tacarigüero hablador, Coronel Juan Malaver. 

«El General Francisco Esteban Gómez en la Memoria del Pueblo» Donde en uno de sus pasajes da al Leonidas de América superpoderes y no se te salva ni la mismísima Virgen del Valle como co‑autora de ese valor, que lo convierte en fiera a la hora del batallar y del sacrificio patriota. 

«Usos y Costumbres Tradicionales Margariteñas» Donde dice que no se está en contra del auténtico progreso. Que no aspiramos a que se vuelva a la vida de los tiempos de antes. Queremos simplemente que se conozca a plenitud y con lujo de detalles cómo eran los usos y costumbres tradicionales de nuestra Margarita para la época de muchachos inquietos y preguntones que fuimos. ¡ Cheguaco lo ha logrado! 

Y se pregunta y se responde a la vez: «no sabe si por broma o ironía alguien tuvo la audacia de decir que ésta ‑Margarita‑ era el Paraíso del Caribe enclavado en esta Tierra de gracia americana». 

Señoras y señores: 

Son dieciocho los libros publicados en dieciséis años. 

Es un libro por año y dos de «ñapa» como me dijo con sonrisa fresca, de oreja a oreja, calándose el sombrero! 

Y como panes en hornos de La Asunción o como vasijas de barro del amasijo cercadeño, conté dieciocho libros más inéditos, entre ellos los de poesía; porque Cheguaco, señores, ha oído «El Murmullo en el breñal» y con más atención a «Una Voz en la Hondonada»

Así, mira desde abajo al cocotero y exclama: 

«feliz, cómo ríes a la luna que pasa

cómo guiñas los ojos al sol! » 

 

RECONOCIMIENTOS 

El primer cuadro que colgó al bahareque de la casa real fue el Certificado de 6° Grado azadonado en la escuela de la ciudad. Después el de la Federación de Trabajadores de Venezuela el 10 de mayo de 1968. 

Contamos a la ligera veinticuatro Placas, Diplomas, Botones y Medallas protegidas por San José, San Joaquín y Santa Ana colgados en la sala de la casa nueva, hasta el año 1983, destacándose el Ministerio de Justicia, Asamblea Legislativa, Concejos Municipales, Fondene, Fedecene, Sol de Oro doble, Casa Nueva Esparta, Sociedad Progreso entre ellas; y en el año siguiente, el 84 la cosecha fue de 34 reconocimientos de dentro y fuera de la Isla. 

Otros tantos correspondientes al año 85 y lo que va del 86 están en otra dependencia de la casa grande. Que todo sea ejemplo vivificador y noble!

 

Señoras, señores: 

He leído para ustedes, más que un discurso de orden, la cronología vital de un hombre que, como José Joaquín Salazar Franco ‑Cheguaco‑, por sencillo y bueno, por consagrar sus anos tenazmente a la conservación del gentilicio margariteño como ejemplo a las generaciones futuras y por ciudadano vertical, merece Honor a quien Honor brindamos en sus sesenta años de vida! 

Doy gracias a la Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Nueva Esparta, por el honor y la oportunidad que me ha brindado al permitir decir aquí, en esta Casa de Cultura de la Tacarigua de siempre, palabras de compromiso al compañero ejemplo que, humildemente solo «ha volcado sobre el papel ‑como semilla de cristal en la conciencia‑ las cosas sencillas, tal cual las ha escuchado». 

 

Señoras, señores 

Adelante y atrás de nosotros está el Infinito. Somos apenas un minúsculo rayo de luz entre dos eternidades. Ese minúsculo rayo de luz es el tiempo de vida, entre el nacer y el morir. 

El tiempo de vida de Cheguaco es tiempo de hombre realizado: sembró árboles, sembró hijos, sembró libros, sembró ilusiones. 

Cuando el rayo de luz alcance su final entre las dos eternidades ¡no poeta José Rosa Acosta, no! Yo estoy contigo: Se salvará su corazón de ser asado como una tinaja de arcilla al pie del Guaitoroco! 

Y con Vigil te digo, Cheguaco: «que tu obra se derrame y no sepas donde, porque los otros que te amarán no han llegado a la vida todavia! ».

 

Señores.


La Emoción en el Acento Lírico

 

RETRATO DE CHEGUACO

SIMON JOSE GUERRA MALAVER

 

José Joaquín Salazar

es folklor y poesía

es para la tierra mía

 un orgullo cultural.

 

Hombre de sombrero alón

caminar de paso lento

tanto por fuera o por dentro

su sonrisa es tradición,

abierto de corazón

en su largo trajinar

para poder cultivar

el folklor margariteño

en esto pone su empeño

JOSÉ JOAQUÍN SALAZAR

 

Su visión es muy segura

y su afán es muy tenaz

para dar a los demás

un poco de su cultura,

con esa desenvoltura

que se mueve cada día

repartiendo simpatía

para todos a granel

y todo dentro de él

ES FOLKLOR Y POESIA.

 

Bonachón y campechano

padre é familia ejemplar

con sinceridad sin par

a todos tiende su mano,

un escritor veterano

que lo hace con gallardía

derramando la alegría

que guarda dentro del pecho,

y todo esto que ha hecho

ES PARA LA TIERRA MIA

 

Corazón franco y henchido

para escribir una historia

franca tiene la memoria

franco segundo apellido,

siempre se ha distinguido

por su franqueza habitual

su narrativa ideal

y su musa que no yerra

ha sido y es pá su tierra

UN ORGULLO CULTURAL

 

   

AL SOMBRERO DE CHEGUACO

 NICANOR NAVARRO

 

Cuando se muera Cheguaco,

me dijo un tacarigüero,

tendrá que llevar con él

su ya afamado sombrero.

 

Porque dejarlo viajar

al cielo sin esa prenda,

sería obligar a San Pedro

a que le pida la cédula.

 

Imagínense a Cheguaco

parado en la puerta er'cielo

entre una pila de muertos

haciendo cola pa'entrar.

 

Y a San Pedro medio tibio,

con toda su santidad,

exigiéndole a Cheguaco

la cédula de identidad.

 

Porque, si eres Cheguaco,

diría San Pedro indignado,

no tienes porqué llegar

con el cogote pelado.

 

Pues sabido es en el cielo

que Cheguaco er'tacarigüero

con su sombrero en la tierra

siempre se ha identificado.

 

 

 

PLASMADO SOBRE LA TORTA DE TUS 60 AÑOS

            PEDRO BELLORIN CARABALLO

 

Ya no son 60 abriles

 son 60 primaveras

 son 60 las quimeras

 son 60 tus atriles

 son ya 60 perfiles

 60 en mitología

 60 en alfarería

 tus terrazgos son 60

 60 lleva tu cuenta

 Cheguaco policromía.

 

 

¡AH CHEGUACOOOO!

        MURERJO

 

Señor este de noble ejemplo:

campesino, otrora vendedor,

lector, investigador;

hizo de la cultura su templo.

 

Conferencista, buen orador

de niño escritor incipiente,

hoy en el Registro escribiente

puntual, servidor y cumplidor.

 

Honor a quien se lo merece

eso así bien nos parece:

a Cheguaco con mucha razón.

 

A tu homenaje merecido,

lamento no haber concurrido

noble amigo, de gran corazón.

 

 

 

LOS SETENTA TOQUES DE CHEGUACO

FRANCISCO ROMERO MILLAN

 

Entre mitos y creencias,

entre lágrimas lloronas

con dientes de colmillonas

guarda en trojas sus vivencias;

con flujos de reverencias

tu imagen trepa a la cima

y el pueblo que se te arrima

exclama con bellos gritos:

Son sesenta chinamitos

que te están cayendo encima.

 

Surcaste el mar, ligero

buscando rumbos ignotos,

abandonando los votos

de peón tacarigüero

en El Tigre petrolero

tu inquietud no se apacigua

y a escribirle a La Chinigua

recalas con buena prosa

y una prole numerosa

desgranas en Tacarigua.

 


Cheguaco sus sesenta y su estilo

 

JORGE C. GUILARTE MARCANO

 

Tacarigua, tierra fértil y fructífera en sus diversas manifestaciones y donde con acertada dedicación sus hombres se afincan para extraer del surco fecundo de su tierra la rica cosecha de la cultura. 

Cuando uno siente el deseo de decir algo de un personaje; no es necesario poseer atributos especiales ni ser licenciado en crítica literaria. Hablar de un escritor dedicado a resaltar las anécdotas, pasajes, leyendas y mitos latentes en los pueblos de nuestra Isla, como lo ha hecho Cheguaco. 

José Joaquín Salazar Franco, con su estilo inconfundible ha manejado la pluma con destreza y disciplina, tejiendo palabras y frases costumbristas que le han dado técnica y brillo a su estilo. 

Cheguaco siempre se ha hecho inteligible, para el empleado, para el obrero y para el pueblo en general; no porque tenga deficiencia de cultura, ni desconocimiento de la lingüística del idioma; sino que le gusta ese estilo. Todo idioma va evolucionando cada día y sigue su curso como todas las cosas de la vida, cada época hace nacer ideas nuevas y nuestro vocabulario, ya pasando por miles de modificaciones; y muchos por un escrúpulo de pureza se oponen al empleo de las palabras con que el pueblo se ha expresado y se entiende. La palabra con su maleabilidad, con la magia combinada de la imaginación, es la pintura que colorea la más humilde escritura. Los hombres como Cheguaco son como hondos aljibes de conocimientos repletos de imágenes acumuladas por la observación; en las más humildes de nuestras casas sus habitantes en cada amanecer y en cada atardecer descubren bellezas inexplorables y tentadoras; por eso Cheguaco convive con la gente del pueblo, porque esta gente despierta el fondo de su alma iluminando su cualidad intelectual para buscar su estilo, el estilo es el hombre, el estilo viene a ser la herramienta que sirve a las manos que lo forjan; las combinaciones imaginativas son la base fundamental del espíritu literario, y así va colocando la palabra más idónea en el laborioso sendero de la literatura. 

Puede decirse que no hay defectos litera­rios, la redundancia, o la sequedad, todo es cuestión de equilibrio. El estilo no se inculca es el resultado espontáneo de los conceptos adquiridos y del material literario seleccionado reservado por la memoria, el estilo es una invención de palabras. 

El arte del escritor es por antonomasia ilusionista y la ilusión se crea a fuerza de proyectar la imagen, reconstruyéndola, filmándola o sea dándole calor y vida. El estilo del escritor se constituye por la originalidad de su arte, dándole el brillo y colorido necesario, los sentidos del escritor son los informadores de sus ideas y pinta con extraordinario colorido el medio en que actúan los personajes destacando sus costumbres y su modo de vivir determinado. 

Cheguaco ya está trepado en el peldaño número sesenta de la escalera de la vida; sitio de donde nadie puede bajarse; pero su labor es y sigue siendo productiva, tanto en el campo de la agricultura, como en lo cultural, porque Cheguaco desde su infancia ha sido sembrador, y por eso ama la tierra, y con más fuerza a las que descansan a los pies de la Palma Real y el majestuoso «Guaitoroco». 

Cheguaco es hoy el pilar central de Tacarigua, no para sostenerlo por lo liviano de su nombre, para sostenerlo de las embestidas del viento, todo lo contrario sus bases se están agrietando por el peso intelectual de todos sus habitantes, donde la cultura ha crecido produciendo su agrietamiento. Por eso Tacarigua está feliz y contenta porque su hijo predilecto, José Joaquín Salazar Franco, «Cheguaco», está cumpliendo sus sesenta años. 

I

De entre los surcos de fértil tierra

donde la azada rechina y calla,

surge Cheguaco con su metralla,

de pluma fuente para la guerra.

De las costumbres fuerte se aferra

y desenreda kilo por kilo,

frases. palabras, llevando el hilo

de las leyendas que el tiempo deja,

su pensamiento nunca se aleja

y así consigue su propio estilo.

 

II

 Bajo el sombrero, quieta se esconde

la gran figura de su persona,

y su palabra recia pregona

lo que en su mente fuerte le ronde.

Su voz precisa siempre responde,

mucho investiga, todo averigua,

es el más criollo de Tacarigua,

es el padrino de «Geminiano»,

se echa sus palos con los chinamos

y anda de brazos con la chinigua. 

 

III

Los años amigo, no son regalos;

son tropezones que vamos dando,

ellos unidos nos van matando

con sus momentos buenos o malos.

Ellos no aceptan los intervalos

y mucho menos algún descuento,

aquel que vive siempre contento

sabe y no piensa en un año más,

sonríe y no siente que viene atrás

la tapia inmensa de un monumento.

 

IV

Pero no importa, ábranse paso,

siempre saliendo con pie derecho

con mucha gana métanle el pecho

y a la pelona no le hagan caso.

En esta vida nunca hay fracaso

sólo se llama mala partida,

siempre apostamos muy de seguidas

a los días clave de la ruleta,

luego aparece en cada silueta

las alegrías de nuestra vida

 

V

Cheguaco amigo, mantente en vilo

no tengas miedo nunca a los años,

sólo los días hacen el daño

conserva siempre tu rico estilo.

A tu experiencia sácale filo

sé luchador por tu ideal

y cuando llegue todo al final

porque es seguro que siempre llega,

soporta y lucha con la refriega

y serás siempre faro inmortal.

 

VI

El hombre siempre debe de ser,

como árbol verde perenne y fuerte

si la inclemencia cambia su suerte

 se vuelve signo del padecer.

El siempre lucha por florecer

apenas siente la lluvia cae,

la abeja zumba su miel extrae,

el ave salta libre y contento

porque este bello florecimiento

suave fragancia a todos trae.

 

VII

Aquel que trepa ya a los sesenta

y tenga el rostro triste y opaco

que busque el cofre donde Cheguaco

guarda los años sin darse cuenta.

Como la vida se le presenta

clara y alegre sin nada extraño

siga trepando por los peldaños

firme y tranquilo al Infinito

que yo con gusto lo felicito

y siga siempre cumpliendo años.

 


CHEGUACO

EMIRO MARCANO MAZA

 

José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) representa entre nosotros a esos famosos personajes de todas las latitudes que en la compañía de Baco tienen las inspiraciones más geniales para su obra artística. 

Y Cheguaco se ha hecho escritor en cierta forma por la compenetración que ha tenido con autores con quienes ha compartido tertulias y encuentros culturales. Y Cheguaco ha sabido que es necesario un p